Con mis Bueyes Perdidos di mis primeros pasos, algo así como animarme a exponerme a través de mis reflexiones bajo la forma de ensayos, ahora doy un paso mas, con mas trabajo dejare algunas ficciones que mi imaginación vaya dando a luz, ojala sean de su agrado.

jueves, 8 de noviembre de 2007

Metafora de amor


La sutil silueta de la mujer, se desplaza por la habitación, despojada ya de pudor y ropa, se sabe mirada, le gusta, conserva un garbo especial, sus movimientos son sutiles, casi etéreos, pero con una intencionalidad, que si bien no expresada, se desborda por si misma.

El solo la puede observar, también despojado de sus prendas, sentado en un pequeño sillón, tratando de verse normal, desnudo, fumando y con una evidente erección, se siente un tanto ridículo, pero a la vez extasiado ante la imagen de su pareja, desenvuelta, deambulando, sugiriendo una mezcla de pasión y dulzura que desconciertan. El sabor del tabaco en la boca es apenas el preludio de la necesidad del sabor de esa mujer, esta inquieto pero lo disimula, cada primera vez es así, misterio, ansiedad y por que no, un sutil temor a no estar a la altura, aunque sin saber a la altura de que.

Desde las sombras del sillón le sugiere que se recueste sobre el lecho, relajada y boca abajo, que cierre los ojos y solo se deje llevar por las sensaciones, sin hacer ruido, recoge de entre sus ropas la pequeña pluma amarilla y se acerca a ella, la contempla, se acomoda a su lado y comienza con el suave elemento una danza sobre la piel de la dama. La recorre, se deleita observando las casi imperceptibles respuestas ante el recorrido de la pluma, la piel erizada, los suaves quejidos de gusto, la tensión en ella que se empieza a mover ansiosa. La hace girar y repite las pinceladas sensuales, sin acercarse a las regiones de la anatomía deseada que mas solicitan la caricia, las rodea, le niega el esperado contacto, un sudor tibio comienza a decorar el femenino cuerpo, la música de la respiración agitada toma el ritmo de un acelerado corazón, la lucha interna es evidente, la ansiedad junto a el deseo, el placer de no saber cuando llegara el toque esperado en el lugar esperado, el descubrimiento de sensibilidades desconocidas en lugares impensados, la humedad del sexo ansioso, de la piel estimulada, las artísticas pinceladas con una pluma que van dibujando una obra de arte diferente, única, exquisita.

Cuando él, con mucha sutileza da el toque final recorriendo los lugares que lo llamaban en silencio, contempla con una mezcla de sensaciones el cuerpo arqueado de ella ante el bombardeo sensorial, sin poderse contener, deja caer la pluma y la reemplaza con sus dedos, sus manos, su boca, reiniciando el recorrido, sabiendo ya, el destino que ambos esperan, anticipándose, deseando el ser uno solo los dos…